Un inquilino para recordar

En mi nueva casa en este nuevo mundo… tengo un inquilino que siempre quise tener.

Género masculino. Especie humana (no es un gato, Yuna no me lo permitiria). Apariencia: de vinilo.

Entró y aunque ahora es probable que su electroencefalograma diese plano, nos dio a Yuna y a mi una de esas frases que en mi otra vida era un dogma de fé para mi y que en esta debo leerla y recordarla, porque con todo lo pasado, mi convicción en la necesidad de sonreír y dar, de evitar conflictos y si podía sentirme querida y querer, se ha volatilizado.

Mi peludita Yuna no llegó a conocerme así. Ella llegó para sacarme del desamparo cuando ya me costaba creer en lo bello y reconfortante de sentirse querido, ayudado y tolerado como uno es.

Por eso ahora, sé que Yuna sospecha que este señor tiene la intención de recordarnos algo… pero que las lágrimas, ya más espaciadas en los días de su mamita, no se lo dejan aún vislumbrar bien.⁸

Sin saber de ti por unas horas

Bajé a perderme para intentar encontrarte en la oscuridad de los recovecos de aquella urbanización desconocida para ti.

Bajé para vagar despacito diciendo en bajo tu nombre y tarareando a la vez que secaba las lágrimas que brotaban sin cesar de mis ojos.

Andando sin rumbo y desde luego consciente de que si tu desaparición era real y no la pesadilla en la que me veía inmersa, sólo yo sabía que se esfumaba cualquier atisbo de esperanza para encontrar motivos y motivos para seguir.

Andando sintiéndome culpable porque sabía que yo te suelo bastar, donde estas y estoy estamos bien. Pero te había sacado de tu zona de comfort, de tu seguridad y bajo un calor “terral” abrasador.

Y recé. Recé mientras entre decía tu nombre, cantaba la nana, lloraba, abría y cerraba puertas de vestuarios, baños, soportales y hasta del portal para encontrarme en mitad de la carretera.

Recé y recé y le dije “Dios este no es el momento”. Le dije que no me hiciera eso. Que sin ti, ahora, no iba a poder. “Dame tiempo a volver al trabajo, a empezar clases de yoga,  a conocer más mundo que quizás me retenga con aliento aquí. “PERO AHORA no…”

Y apareciste. GRACIAS. Gracias. 

 

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Un universo paralelo con semejanzas curiosas (2)

Cuando en una ciudad de millones de habitantes decides cambiar de zona de residencia… todo puede cambiar.

Toda mi vida he unido entornos, incluido probablemente el más difícil que es el laboral. Integrar a la que consideraba mi gente con mi gente. Hasta parece una canción de Gloria Stefan, pero es así. ¿Cómo no van a saber unos de otros y hasta conocerse a veces? ¿Apreciarse entre ellos?

Yo he vivido a la sombra de …. de mi misma. De ceguera y confianza excesiva en quienes siento/sentía me quieren. Mi ignorancia de que no todas las vías de escape que tenemos en la vida, se deben entremezclar, porque además probablemente a largo plazo si algo se tuerce tienes todos o casi todos los recursos-apoyos en el mismo saco o barco y si el barco se hunde o simplemente decide el capitán tomar un rumbo en el cual tú no estás: se te complica el tema.

Estoy experimentando encajar en una “mini ciudad” donde nadie sabe mis orígenes, mis costumbres, ni si soy hija o hermana o amiga de….

Yuna (mi peludita) y yo somos nuevas en esto. Y ahora en esa esquina oculta pero fresca,

Yuna escondida

donde se refugia del aire acondicionado directo de la casa (chorros que no gustan a nadie pero alivian los 36 grados) le estoy contando cómo voy teniendo charlas con nuevos vecinos, presidente de comunidad…. Cómo voy queriendo seguir avanzado en este universo paralelo de curiosas coincidencias.

Me encuentro contándole que estamos en el límite por uno de los puntos cardinales de la ciudad y que más allá se extiende ahora una explanada de futuro incierto y que no dudo será crecimiento urbanístico.

Y me sonrío contándole que en la casa familiar de mis padres viví algo muy parecido. Otro punto cardinal, otra orientación pero crecí siendo una niña que iba a unos pinares que había poco más allá de casa.

Yuna, ¿sabes? yo crecí viendo levantarse frente a la terraza de casa un Ministerio de los “gordos y claves hoy en día” y vivi semana tras semana vigilando las obras con mi padre (que eso le encantaba y a mi hacerlo con él) los primeros “rascacielos” de Madrid cerca de casa. La ya perdida por un incendio hace casi 15 años Torre Windsor (cuantas tardes de cine con mis padres de niña, adolescente y mujer en sus salas)  y la blanca Torre Picasso sobre un subterráneo AZCA que los más jóvenes creen que existe desde siempre como el móvil. Me hice grande de edad y de mente, viendo evolucionar y crecer mi barrio dentro de mi inmensa ciudad.

Ahora miro al cielo pequeña, y le digo a mi padre “fíjate esa enorme grúa de aquella explanada nos dice… esto está en crecimiento. Tú y yo papá vigilaremos las obras”.

Todo es un ciclo. Idas y vueltas. En este nuevo, no soy la hija de nadie, ni hermana de nadie, ni me han oído llorar vecinos en casa por impotencia y desesperación. Es mi nuevo universo , donde no quiero estar… pero estamos. Y seguimos. Y sí o sí empieza un día más que vivir.

Viviendo un universo paralelo

Viviendo un universo paralelo

Tengo que entender que vivo en un mundo paralelo. Sólo si vivo en ese mundo: sobreviviré.

En este mundo ya no puedo permitirme recordar quien fui y qué tuve. No puedo. Duele.

En este mundo paralelo lo único que queda del otro, es que  “Lo que se ve es lo que hay”. Pero es cierto, que he tenido que aprender a fuerza de golpes en el alma que “Lo que yo veía no era todo lo que era,  ni era todo lo que había.” 

Ups! Por fin crecí. A los 50 crecí… qué gran putada.  Y  no fue antes.

 No fue por una equivocación médica, ni por la muerte de mis padres (motores de mi vida  como hija soltera y algo débil).

Tampoco fue por la dura enfermedad que alejó de mi vida a mi “doctora del alma”  desde hacía 25 años. Mucho menos fue porque en el trabajo me había abierto tanto y llorado tanto, que me sintiera con imagen debilitada y fracasada ante mis compañeros de toda la vida. Tampoco fueron las necesidades económicas vitales para mi salud y la de la peludita, para el sustento básico. No fue por perderlo todo en medio del desastre farmocológico químico de mi cuerpo y la tristeza de mi alma. No…

Crecí porque desde lo que yo creía que era la familia me dijeron a bofetadas…eh, que el caminito es este. Si te sales te equivocas. Aunque sea desde el sufrimiento, sensación de desamparo, de rechazo, de negación de hechos, de repente búsqueda, aceptación de todo vale, rechazo de nuevo por no sentir el amor…. NO. Si te sales…te equivocas y lo estás haciendo mal.

Así que aquí estamos en una vida que no es mía pero en la que me toca seguir.

Para poder seguir  tengo que volver a escribir, y sobre todo mantener a Yuna con vida a mi lado y a que me cuide ella. Una gatita tricolor de cuatro kilos doscientos que ya acumula tantas enfermedades como el número entero de su peso, pero que se empeña en hacerme la croqueta, lamerme las lágrimas y mandarme besos cerrando lentamente sus ojos cuando nos quedamos mirándonos fijamente.

Los gatos mandan sus besos, cariños… así. Y, Yuna TODOS los días desde hace casi dos años que entró en mi vida me besa.

Y yo, TODOS los días desde hace casi ya dos años que Yuna me adoptó, la beso y doy gracias a Dios y a las señales de la vida que la trajeron a mi.

En mi mundo paralelo existen profesionales y un par de amigos que no me exigieron la vuelta a un caminito para seguir a mi lado ni para quererme ni para cuidarme. Es sencillo. Te sujetan la mano temblorosa, te abrazan y hasta hacen cientos de km para que les digas cosas horrorosas y llores sin sentido y con desgarro. Pero no te dejan. Y te siguen esperando (pero estando ellos muy cerca de mi puerta).

Soy muy afortunada, pero también sincera. Ellos tenían cabida en mi mundo sin necesidad de pasar conmigo a este universo paralelo donde me ahoga, literalmente, recordar a quienes nunca entendieron qué pasó…  y se creyeron en la certeza y el derecho de NO cuestionarse nunca si les faltaba un perdón o al menos una conversación sincera o no creer sólo lo que otros decían. 

En mi mundo paralelo sigue existiendo el mismo Dios, pero yo le hablo cara a cara y él con ayuda o sin ayuda de mis jefes que están arriba, me manda señales de aliento y para tirar hacia delante. Porque siempre he sido de las que resisten, como el junco que se dobla pero siempre sigue en pie.

El nombre del blog no puede cambiar. Lo que se ve es lo que hay. Yo soy lo que hay. Yo sé de mi, que  tuve otra vida que duró medio siglo y ahora la nueva me ha llevado a otra casa que me da más posibles para vivirla,

A nadie se le obliga a irse del todo de la vida de un ser querido sobre todo si sólo estás a unos metros de su lugar.

Soy Winnie  o Belén la de Resistiré que se hizo un himno  en mi vida del Dúo Dinámico y la que sólo le dice “a esa niña-mujer-duende que puede que en Europa lea esto… NADA va contigo cielo. Cada día, cada hora te escribo borradores… que no envio. Y que duele. Pero no entiendo la familia sin comunicación y unión y amor y se me tachó de todo por EXIGIR estando mal eso. Sin defensa de los derechos básicos. Y tú tienes el derecho de intentar ser feliz y saber en la distancia que TE QUIERO por encima de todo. Como a mucha juventud, gallega, danesa, etc daño colateral de esto. Como daña mi corazón no vivir ni conocer (con lo que yo era de niñera) “las vidas nuevas que se empeñan en repetirme que no tengo cerca porque yo no quiero”.

Tu generosidad de estar no podía ser pequeña. Lamentablemente por se quien eres y porque lo queramos o no “somo nosotros y nuestras circunstancias”.

Y cierro esta vuelta a la escritura dirigiéndome porque es justo y necesario  A QUIENES SE SIENTAN ALUDIDOS: “Gracias, por los correos personales o comentarios que eran interés, preocupación, ofrecimiento de quedada o pena por no poder responsabillizarse de mi peludita si yo faltaba. Gracias por escribir aquello que hizo que entendiera que Yuna no debía salir de mi vida. Gracias por las peticiones de entrar al blog cuando fue privado por un tiempo aunque no lo actualizaba.

No estaba bien. Pero NO ME IBA.

NO estoy bien. Pero no me voy a ir mientras Dios no quiera o mi peludita esté a mi lado.

Es así. LO puedo edulcorar o suavizar…. pero hace ya cuatro largos años que dejé de tener dinero para comprar suavizante. Aunque puede que ahora en casa nueva y con menos deudas de dinero (las otras…..) pueda poner a veces naranjas donde la vida sólo da limones.

 

Necesito ayuda urgente

Mi pequeña Yuna necesita un hogar.

Raza común europea. Nacida en Paris y abandonada en el verano 2016 en la gatera de Madrid. Su libreta dice que nació el 26 junio 2012. Yo no puedo estar con ella. Necesita quien no llore en casa en silencio… Necesita que sólo se la alimente con latas de comida húmeda ZD Prescription Diet Veterinary y pienso ZD porque está comprobado con dieta de exclusión que tiene intolerancia alimentaria. La proteína no le hace bien a su cuerpo de 4 kilos 300.

Es preciosa y sobre todo es como una perrita faldera disfrazada de gatita de tres colores (naranja,negro y blanco) que sólo quiere si está despierta estar donde tú estés y jugar y si duerme pero tú estás en la casa también cerca de donde estés.

En verdad no hay mucho más que decir. La voy a devolver al sitio donde la adopté.

NO DEJEIS QUE SE MUERA DE PENA… como yo.

Helada

Iba por el camino paralelo a los puentes. Despacio y con mi mirada sólo intentaba concentrarme en cada uno de mis pasos y en las puntas de los botines cada vez que daba uno.

Habia perdido la noción del tiempo y cuando levanté la vista me dí cuenta que había anochecido.

Fue cuando me pareció que todo aquel con el que me cruzaba, me miraba.

Pobres, alucinados sin entender que a pesar de los dos grados de temperatura que hacía de invierno en primavera, yo había decidido salir con mi short vaquero y una camiseta de tirantes confiando en que después de horas de frío helador, mi cuerpo caería enfermo a la misma temperatura que los cero grados de mi corazón.

Este, se habia quedado ya sin sentir, decepcionado hasta helarse. Ya solo quedaba que con algo de suerte la pulmonia o neumonia que pillase, me ayudara a olvidar entre toses, fiebre y mocos…. todo ese dolor del corazón insoportable.

FIN

(5 abril 2019 20.00 hs)

Cuando el dolor se vuelve depresión (2)

Pero hay algo mucho más complicado que hacerte entender y desear que el mundo que te rodea admita que no todas las enfermedades se ven físicamente o requieren una escayola o cirugía.

No.

Lo difícil es tú mismo aprender a conocer y manejar los altibajos de tu mente y de tu corazón. Aprender a gestionarlos y sólo si puedes… intentar verlo venir. No cargar la mochila como he oído muchas veces a quienes sí saben de qué va esto, hasta que hincas rodilla en tierra y ya estás mal.

Creo que a veces eso dependerá mucho de a que edad te sorprende esto. Lo que yo llamo la “tristeza del alma”. O para otros son los bajones y las subidas o el que no ves salida y todo parece negro y debieras de ser consciente que eso no es muy real y puedes, puedes luchar y a veces hasta ganar.

Hay que evitar mucho, porque el rescoldo de sensibilidades, suspicacias e inseguridades o miedos siempre está en peligro por una brizna prendida, por pequeña que sea que pueda avivar el fuego. Porque el rescoldo, y hablo por mi, si se aviva (aunque sea por un agente externo como ha pasado y eso es lo que me tumba, que además de perro… apaleado) como ha pasado me está costando sudor y lágrimas, pérdidas y demasiada soledad calmarlo.

Buscar un poco de justicia, sí, quizás poética y sólo de palabra, me ha llevado a descubrir que no todo aquel que dice que “te quiere” lo hace y que quizás no siempre yo pueda ser “el junco que se dobla pero siempre sigue en pie”.

RESISTIRÉ mi canción, lleva más de un año sin serlo. No todo les vale a los demás, ya he aprendido que no, pero es que a mi tampoco me vale todo por lo que parece debo comulgar para volver a retomar una vida que a nadie importa si para mi, ya no es una vida en la que creer.

NO quería perder la ilusión de seguir… pero ya cuesta.

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Yuna, mi peludita, una gata tricolor,  una excusa que no debiera serlo, para seguir… viviendo.

Cuando el dolor se vuelve depresión (1)

A veces no sabes cómo tomar el camino, el mejor camino sin buscar conflictos ni pretender sentar cátedra para explicar los sentimientos que te desbordan.

Desde muy joven (y se tardó años en concretar y encontrar la ayuda y la medicación más acertada) situaciones que aparecían en mi vida de adolescente, las gestionaba y vivía mal. Muchos altibajos. Luego simplemente aprendí que “mi insulina en concreto para mi diabetes emocional” (es una comparación muy básica) era la paroxetina químicamente hablando y mi terapeuta re-conductora de mis bajadas y subidas. Yo la llamaba la doctora de mi alma.

Aprendí que mi depresión, y los bajones existenciales y el carácter complicado intimista, visceral, apasionado… iban a necesitar ayuda, un diagnóstico acertado y profesionales y seres queridos para encauzarlos. Mal genérico: Depresión.

Matiz: he aprendido a los 52 años y soltera en mi vida y con una gata de inquilina en  mi casa y mi corazón, que sólo tus padres (y eso los que tuvimos padres ejemplares) dan la vida por sacarte o darte las cuerdas para salir de las profundidades. No puedo saber si la pareja o los hijos lo hacen, pues no los tengo. Quizás por esta soledad es por lo que se agrava más el sentimiento de “¿nadie puede luchar para ayudarme a salir como si le fuera la vida en ello?

Ayer leí como una medallista española (pincha si quieres leerlo AQUI) se retiraba (y rezo y deseo que sólo sea temporal) reconociendo públicamente que estaba enferma. Ella quería poder expresar que su enfermedad, DEPRESIÓN, es tan real como el brazo fracturado o el tumor instalado dentro de un cuerpo. Pero la depresión tiene algo muy malo y es “que se la vendes peor” al de tu lado, a tus jefes, a tus amigos y malamente a tus seres más queridos porque quieren poder estar, o entender o ayudar en un terreno que es muy resbaladizo. Y digo vender, porque parece que quieres hacerles comulgar con  algo que “a todos nos pasa” y no nos quejamos tanto… Espero que quien lea ésto, esté entendiendo lo que digo.

Que aparezca por un motivo u otro (del exterior, endógeno en uno mismo, por una carencia química,  por un duelo….) y en una edad u otra,  ni la hace menos importante ni sobre todo suaviza lo que se siente por dentro.

Estás en caída libre. No sabes si es justo o no lo que te ha sucedido o lo que sientes, pero ya no sabes si has tocado fondo y toca subir, si aún puede algo hacerte sufrir más  o si sientes que debes quedarte en lo profundo de ti mismo.

La depresión no entiende de edades ni de posición económica. Eso sí. Estás jodido si cuando tú no ves luz, el de tu lado no entiende y hasta le cabrea no sólo que no veas luz porque para él está clara la salida, sino que además cree que debes salir de TU ENFERMEDAD, de TU DOLOR a su manera.

No. Lo que necesitas al  lado es quien te diga:

  • sé que lo estás pasando mal, pero sigue y sigue.Hay quien se reinventa a lo largo de su vida varias vece por esto. Es jodido,  pero nadie dijo que la vida fuera justa. En lo que pueda y con tus tiempos, estaré a tu lado. Pero estaré…

(Continúa mañana)