Y de pronto…(2)

Primera parte

Me di cuenta de que ya no estaba en la silla de la farmacia. Me parecía extraño. No…
Si sé dónde estoy. El pasado se ha ido y estoy quieta y en presente. Me da miedo moverme y sé que si no enciendo la calefacción, mi corazón seguirá helado sin sufrir y además…no tendré que salir de esta cama. De esta habitación. De esta casa. No tendré que explicarle a nadie y menos a mi misma, por qué no socorrí a la mujer accidentada.
Porque siento que no sabes.
No sabes que me afectaron mucho tus injustas palabras en el trabajo. Volvías a romper lo que era mi emocionado recuerdo agradecido de tu compañía hace años en aquel tanatorio. Y tu mal trato hacia mi persona…caía sobre mojado.
Porque quisiera poder decirte que nunca creí que me dejaras un mes sin verte ni oírte. Con dolores físicos y del alma (que los llevo mucho peor) y me descolocan aún mas. Y sobre todo que la soledad que me provocas…caía sobre mojado.
Quisiera poder mandar la queja de la queja a Sanidad, diciéndoles que su respuesta parca y con fechas erróneas…caía sobre mojado.
Quisiera poderte decir que me aterra que me veas el lunes y descubras que en mis ojos ya no hay esperanza porque todas las pulgas que llegaron al perro flaco…caían sobre mojado.
No tengo remedio.
Tendré que volver a esa carretera y buscar el rastro de esa mujer. Tendré que llegar hasta el hospital donde la llevaran. O la veo y le digo que mi corazón estaba helado cuando la deje allí herida… o nunca podre calentar esta pesada y fría masa de carne rojiza en la que desde hace mucho tiempo todo llueve sobre mojado.