En busca de la felicidad

Se podrán hoy burlar de mi los que han paseado, frecuentado y vivido los puentes de Paris. Quienes se han dejado embriagar por los atardeceres desde uno de ellos. Por todo aquel que sabe lo que es que las aguas del Sena les susurre al oído,  y que como dice la protagonista de una película “aquellos pensamientos que sólo se quedan entre el río y tú”.

Lo dicen las novelas, las biografías, las canciones y las historias más románticas del cine y las más dolorosas. Por los puentes de París hay que pasear con calma y disfrutarlos.

Sólo estuve una vez allí y lo cierto es que no disfruté de aquel viaje. Ya es difícil. Casi se diría que imposible, lo sé. Pero eso ahora no es la cuestión y ya ni importa.

Hoy, cuando iba en busca de paz he podido pasar un rato de felicidad.

Me gusta bajarme a un puente concreto de Madrid Río (ahora mismo llamar al Manzanares río, es casi un chiste). Ahí en la mitad del puente apoyada en su barandilla y con los cascos puestos con el móvil iba escuchando la película “En busca de la felicidad” de Will Smith. Me gusta todo el mensaje de esa película. Un padre desesperado, parado y en un momento muy desafortunado de su vida, intenta sobrevivir a la desgracias y precariedad por la mayor razón que tiene: su hijo pequeño, su vida.

Era el final y lo oía de fondo. Me he encontrado viendo los patos por parejas y solitarios y las palomas andando sobre las aguas y a ratos derrapando tras el vuelo para amenizar deslizándose por la poca profundidad.

Bandadas de aves sobrevolando el puente siguiente con la ciudad al fondo y el atardecer naranja de Madrid. En medio del cauce, el nivel es tan bajo que parecía poder ver las dunas (ondas) que hace la arena en el fondo de la orilla de una playa. En ese momento padre e hijo se escapaban a un día de playa porque él había conseguido algo de dinero.

Pero es que justo antes, la música de fondo, con el padre llorando desconsolado por lo difícil que era luchar,  sonaba la canción “El puente sobre aguas turbulentas”…

Creo en las señales. Creo que cuando todo se derrumba si miras muy adentro, muy adentro consigues ver casualidades de tus pensamientos (o sentimientos) y de la vida que quiere darte sólo por un momento un poco de felicidad. Y yo la necesitaba en cachito chiquito, al menos por un rato.

Y la he tenido.

Estaba en medio de un puente del Manzanares, en el fondo de un cauce que parecía una orilla del mar, con aves disfrutando, una luz anaranjada del atardecer y en una frase final de película que yo hoy hacía mía: “Este rato de mi vida se llama felicidad”.  

  1. Un abrazo Marian. Gracias por tantos años ahí… ojala pueda en un tiempito hacerte partícipe de ir recuperando con pequeñas cosas las Winnie que conoces que sabía ser mucho más feliz a cachitos.

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