Cuando el dolor se vuelve depresión (1)

A veces no sabes cómo tomar el camino, el mejor camino sin buscar conflictos ni pretender sentar cátedra para explicar los sentimientos que te desbordan.

Desde muy joven (y se tardó años en concretar y encontrar la ayuda y la medicación más acertada) situaciones que aparecían en mi vida de adolescente, las gestionaba y vivía mal. Muchos altibajos. Luego simplemente aprendí que “mi insulina en concreto para mi diabetes emocional” (es una comparación muy básica) era la paroxetina químicamente hablando y mi terapeuta re-conductora de mis bajadas y subidas. Yo la llamaba la doctora de mi alma.

Aprendí que mi depresión, y los bajones existenciales y el carácter complicado intimista, visceral, apasionado… iban a necesitar ayuda, un diagnóstico acertado y profesionales y seres queridos para encauzarlos. Mal genérico: Depresión.

Matiz: he aprendido a los 52 años y soltera en mi vida y con una gata de inquilina en  mi casa y mi corazón, que sólo tus padres (y eso los que tuvimos padres ejemplares) dan la vida por sacarte o darte las cuerdas para salir de las profundidades. No puedo saber si la pareja o los hijos lo hacen, pues no los tengo. Quizás por esta soledad es por lo que se agrava más el sentimiento de “¿nadie puede luchar para ayudarme a salir como si le fuera la vida en ello?

Ayer leí como una medallista española (pincha si quieres leerlo AQUI) se retiraba (y rezo y deseo que sólo sea temporal) reconociendo públicamente que estaba enferma. Ella quería poder expresar que su enfermedad, DEPRESIÓN, es tan real como el brazo fracturado o el tumor instalado dentro de un cuerpo. Pero la depresión tiene algo muy malo y es “que se la vendes peor” al de tu lado, a tus jefes, a tus amigos y malamente a tus seres más queridos porque quieren poder estar, o entender o ayudar en un terreno que es muy resbaladizo. Y digo vender, porque parece que quieres hacerles comulgar con  algo que “a todos nos pasa” y no nos quejamos tanto… Espero que quien lea ésto, esté entendiendo lo que digo.

Que aparezca por un motivo u otro (del exterior, endógeno en uno mismo, por una carencia química,  por un duelo….) y en una edad u otra,  ni la hace menos importante ni sobre todo suaviza lo que se siente por dentro.

Estás en caída libre. No sabes si es justo o no lo que te ha sucedido o lo que sientes, pero ya no sabes si has tocado fondo y toca subir, si aún puede algo hacerte sufrir más  o si sientes que debes quedarte en lo profundo de ti mismo.

La depresión no entiende de edades ni de posición económica. Eso sí. Estás jodido si cuando tú no ves luz, el de tu lado no entiende y hasta le cabrea no sólo que no veas luz porque para él está clara la salida, sino que además cree que debes salir de TU ENFERMEDAD, de TU DOLOR a su manera.

No. Lo que necesitas al  lado es quien te diga:

  • sé que lo estás pasando mal, pero sigue y sigue.Hay quien se reinventa a lo largo de su vida varias vece por esto. Es jodido,  pero nadie dijo que la vida fuera justa. En lo que pueda y con tus tiempos, estaré a tu lado. Pero estaré…

(Continúa mañana)

 

 

  1. Caramba! Yo si estoy conmovida. Suena en mi coche Whitney con “one moment in time” y leo tus palabras. La mágica blogosfera quiere regalarme hoy ¿estas frases? Bienvenido y aquí una sorprendida. Quizás porque he perdido casi la fe en mi misma…quizas porque hoy volvía a ser un día difícil de VIVIR.
    Gracias Ricardo!!!

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  2. Hola!
    Y de repente, aparecí también yo dentro de tu blog.
    Te descubrí hace apenas un par de días, un blog lleva a otro blog, por ahora me instalé aquí donde me sorprenden tus entradas a medida de ir leyéndolas, para atrás hasta que me ponga al día.
    Digo aparecí porque quise presentarme y comentar cuando hace un rato estaba disfrutando de “los orígenes son lo importante” (donde también me hiciste recordar a la Winnie de la serie), pero surgiste y me asombrarme nuevamente con el post de hoy.
    En síntesis: Hola, qué tal? me presento, estoy aquí para apreciar y conmoverme con tu blog, encuentro algunas cosas para identificarme, especialmente la forma de descifrar y de sentir la vida.
    Buenísmo!

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