Un universo paralelo con semejanzas curiosas (2)

Cuando en una ciudad de millones de habitantes decides cambiar de zona de residencia… todo puede cambiar.

Toda mi vida he unido entornos, incluido probablemente el más difícil que es el laboral. Integrar a la que consideraba mi gente con mi gente. Hasta parece una canción de Gloria Stefan, pero es así. ¿Cómo no van a saber unos de otros y hasta conocerse a veces? ¿Apreciarse entre ellos?

Yo he vivido a la sombra de …. de mi misma. De ceguera y confianza excesiva en quienes siento/sentía me quieren. Mi ignorancia de que no todas las vías de escape que tenemos en la vida, se deben entremezclar, porque además probablemente a largo plazo si algo se tuerce tienes todos o casi todos los recursos-apoyos en el mismo saco o barco y si el barco se hunde o simplemente decide el capitán tomar un rumbo en el cual tú no estás: se te complica el tema.

Estoy experimentando encajar en una “mini ciudad” donde nadie sabe mis orígenes, mis costumbres, ni si soy hija o hermana o amiga de….

Yuna (mi peludita) y yo somos nuevas en esto. Y ahora en esa esquina oculta pero fresca,

Yuna escondida

donde se refugia del aire acondicionado directo de la casa (chorros que no gustan a nadie pero alivian los 36 grados) le estoy contando cómo voy teniendo charlas con nuevos vecinos, presidente de comunidad…. Cómo voy queriendo seguir avanzado en este universo paralelo de curiosas coincidencias.

Me encuentro contándole que estamos en el límite por uno de los puntos cardinales de la ciudad y que más allá se extiende ahora una explanada de futuro incierto y que no dudo será crecimiento urbanístico.

Y me sonrío contándole que en la casa familiar de mis padres viví algo muy parecido. Otro punto cardinal, otra orientación pero crecí siendo una niña que iba a unos pinares que había poco más allá de casa.

Yuna, ¿sabes? yo crecí viendo levantarse frente a la terraza de casa un Ministerio de los “gordos y claves hoy en día” y vivi semana tras semana vigilando las obras con mi padre (que eso le encantaba y a mi hacerlo con él) los primeros “rascacielos” de Madrid cerca de casa. La ya perdida por un incendio hace casi 15 años Torre Windsor (cuantas tardes de cine con mis padres de niña, adolescente y mujer en sus salas)  y la blanca Torre Picasso sobre un subterráneo AZCA que los más jóvenes creen que existe desde siempre como el móvil. Me hice grande de edad y de mente, viendo evolucionar y crecer mi barrio dentro de mi inmensa ciudad.

Ahora miro al cielo pequeña, y le digo a mi padre “fíjate esa enorme grúa de aquella explanada nos dice… esto está en crecimiento. Tú y yo papá vigilaremos las obras”.

Todo es un ciclo. Idas y vueltas. En este nuevo, no soy la hija de nadie, ni hermana de nadie, ni me han oído llorar vecinos en casa por impotencia y desesperación. Es mi nuevo universo , donde no quiero estar… pero estamos. Y seguimos. Y sí o sí empieza un día más que vivir.

Viviendo un universo paralelo

  1. Tenemos dos vidas. La vivida hasta hoy y la pendiente desde hoy, el tiempo que nos quede. Solo nosotros, en este caso solo tú, decides cuando es ese “hasta hoy” que se transforma en “desde hoy”. Te animo a hacerlo. Creo que los cambios que comentas en el texto, te ayudarán. Un abrazo.

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