Sin saber de ti por unas horas

Bajé a perderme para intentar encontrarte en la oscuridad de los recovecos de aquella urbanización desconocida para ti.

Bajé para vagar despacito diciendo en bajo tu nombre y tarareando a la vez que secaba las lágrimas que brotaban sin cesar de mis ojos.

Andando sin rumbo y desde luego consciente de que si tu desaparición era real y no la pesadilla en la que me veía inmersa, sólo yo sabía que se esfumaba cualquier atisbo de esperanza para encontrar motivos y motivos para seguir.

Andando sintiéndome culpable porque sabía que yo te suelo bastar, donde estas y estoy estamos bien. Pero te había sacado de tu zona de comfort, de tu seguridad y bajo un calor “terral” abrasador.

Y recé. Recé mientras entre decía tu nombre, cantaba la nana, lloraba, abría y cerraba puertas de vestuarios, baños, soportales y hasta del portal para encontrarme en mitad de la carretera.

Recé y recé y le dije “Dios este no es el momento”. Le dije que no me hiciera eso. Que sin ti, ahora, no iba a poder. “Dame tiempo a volver al trabajo, a empezar clases de yoga,  a conocer más mundo que quizás me retenga con aliento aquí. “PERO AHORA no…”

Y apareciste. GRACIAS. Gracias. 

 

20190819_175043

 

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